No seamos Falleros
lunes, noviembre 24, 2014
Podría empezar hablando sobre la pésima gestión del Levante para disimular sus complejos, podría tirar por la vía rápida y atizar a Nuno o también podría mencionar candidatos para bajarse del barco, o mejor dicho, buque insignia llamado Valencia Club de Fútbol. Pero creo que no le haría ningún favor al equipo este pensamiento, ya que cuando las cosas van mal todo el mundo es especialista en saber corregir los errores antes de hora, pues a mi “a cojón visto” (como dicen por ahí) no me vale.
Hemos estado, a nivel social, sobradamente más hundidos de lo que deportivamente estamos ahora, nos han llovido carros y carretas desde fuera y desde dentro de casa, y nunca nos hemos tambaleado ni hemos duda tanto de nuestro equipo, al contrario, siempre nos hemos crecido y nos hemos sentido más orgullosos de pasear nuestro valencianismo a pesar de las más terroríficas tormentas.
Por tanto veo injusto que por una derrota (la segunda tras doce jornadas de liga) dudemos tanto de nosotros mismos. En “Valenciastán” tendemos a endiosar los malos momentos y flagelarnos al romper las buenas rachas. Aunque hayamos perdido contra el eterno rival, bueno “eterno” para ellos porque para nosotros siempre han sido el vecino de abajo, y más que envidia, siempre nos han inspirado un sentimiento de indiferencia, cierta pena en algunos momentos, pero nunca envidia.
Y esto es algo que nos viene en el código genético de los valencianos, ya que si somos capaces de levantar monumentos por toda la ciudad poniendo el tráfico patas arriba, detonar cientos de kilos de pólvora y prenderle fuego a todos los monumentos en tan solo cinco días, ¿qué no seremos capaces de hacer con el fútbol?
Pero esto no se puede extrapolar al mundo del esférico, ya que el campeonato liguero no se desarrolla en cinco días, sino en treinta y ocho jornadas, donde las decisiones se deben tomar con la mente fría y el estómago lleno, esto no es una carrera de velocidad sino de fondo, donde tropezarse entra dentro de los planes y debemos estar preparados para empujar al equipo en los tropezones dándoles seguridad para la siguiente pisada y no con el mechero encendido listo para quemar la falla.
Para finalizar me gustaría dejaros una frase muy buena que leí y me gustaría compartir con todos vosotros para invitaros a reflexionar conmigo: “Te animaré cuando menos lo merezcas, porque será cuando más lo necesites”.
¡Amunt Valencia!
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