España se pregunta quiénes somos
martes, noviembre 04, 2014
No sé porqué, pero llevo más de una semana con algunos de
los cánticos de la Curva Nord resonando en mi cabeza, sin parar. Es una curiosa
sensación, que te atrapa para sí sin que puedas hacer o pensar en cualquier
otra cosa, solo oyes la letra y su entonación, intentando descifrarla y
esperando encontrarle nuevos significados. Anteayer, especialmente, estuve toda
la mañana, toda la tarde y toda la noche con una canción retumbando entre pared
y pared del cráneo, con eco incluido al levantarme hoy. El cántico en cuestión
era este:
Mestalla se pregunta quiénes somos, nosotros les decimos
quienes somos: som la força del Valencia, i ningú mos pararà!! Viatjarem per
tot el món, orgullosos del teu nom, el Valencia és el nostre campeó!!
En eso que discurrían las palabras, letra a letra, sobre mis
párpados ya caídos antes de dormirme, observé que esa pregunta no solo se la
hace Mestalla. No, esa pregunta se la hacen muchos más de los que puedan caber
en el fortín de la Avenida de Suecia. Es más, la pregunta puede ir incluso más
allá que la planteada por la Curva: quiénes somos todos nosotros, los que
vestimos de blanquinegro y tenemos la sangre naranja, los que “parlen en
valencià” y los del murciélago – el bueno, no el del Levante. Comienza a
despertar la intriga en la gente, que ya creía que la Liga era en realidad
jugada solo por dos equipos – el año pasado por tres. Y cuando descubren que
hay uno nuevo, se sorprenden. “Anda mira, estos valencianos han creado un
equipo nuevo que parece que es bueno”, deben estar pensando a día de hoy muchos
de los asiduos lectores de As y Marca, de los que se conocen al dedillo todos
los peinados que ha llevado Cristiano y todas las novias que ha tenido Ramos.
Sí, ellos se preguntan – y ya hacen mucho – cómo puede ser
que un equipo que no sea ni Barça ni Madrid arrastre a tanta gente a sus
partidos, sean en casa o fuera. Se preguntan cómo puede ser que de la noche a
la mañana aparezca segundo en la tabla de clasificación otro que no vista de
merengue, azulgrana o rojiblanco. Se apodera de ellos la curiosidad, parte
congénita de la esencia humana.
Quiénes somos, se preguntan. ¿Y nosotros, qué les decimos?
Pues, para empezar, que no nacimos ayer. Mal que les pese a algunos, tenemos
una historia de la que enorgullecernos, una historia llena de héroes, partidos
épicos y victorias que encumbraron a generaciones de valencianistas, así como
también una historia de la que aprender, llena de ladrones, caraduras y
derrotas dolorosas, humillantes y desastrosas. Vamos, como cualquier equipo que
lleve en esto casi un siglo. También podemos decirles que tenemos una afición
que, a la mínima que el equipo demuestra un destello, apoya de manera
incondicional, sabiendo que hasta la más pequeña chispa es aprovechable en esto
del fútbol. Una afición que es capaz de encerrarse en una jaula – y llenarla –
por ver a su equipo en tierra hostil; que es capaz de llenar su estadio hasta
en un partido de presentación; que es capaz de superar los 40000 espectadores
en las cinco primeras jornadas de Liga disputadas en casa; que es capaz de ir a
recibir y animar a su equipo a la llegada de un partido fuera; que fue capaz de
hacer que el Coliseum pareciera Mestalla. Aunque bien mirado, esto último no
fue ninguna proeza.
Como bien reza el cántico, esta es una afición capaz de
viajar por todo el mundo para apoyar cualquier ápice de buen futbol que
practiquen unos chavales vestidos con pantalones negros, camiseta blanca y con un
murciélago en el pecho. Una afición que, a pesar de haber estado algo
adormecida tras la inyección vía intravenosa de miseria y mediocridad de los
últimos años, despierta de nuevo como un enorme coloso que, a medida que se
despereza, intimida con su tremenda magnitud. Y es que el sentimiento
valencianista no solo late en esta parte del Mediterráneo, también se expandió
hacia otras zonas bien alejadas de nuestra península tras su época dorada a
comienzos de mileno – llegando, en 2004, a ser considerado el mejor equipo del
mundo.
Este tipo de hechos los borra fácilmente el transcurso de
las semanas, meses y años. Los tiempos pretéritos se olvidan con una increíble
facilidad en nuestros días, traspapelándose como apuntes desordenados en un
escritorio saturado. Y si además alguien con una enorme goma de borrar ayuda a
que esto sea así, el cóctel de enajenación histórica es infalible. Esta es la
constante de este país, la historia se escribe y reescribe conforme a como
vengan dados los intereses. Pero nosotros no olvidamos quiénes somos, ni lo
haremos, porque el sentimiento es algo intrínseco a esta afición con carácter
mediterráneo, y la historia es el pilar de este sentimiento.
Seguro que si refiriéramos todo esto a las personas que
tienen esa pregunta rondando su mente, estas se sorprenderían de la afición
valencianista. Abrirían sus ojos como platos, asombrándose de la existencia de
aficiones que no sean la del Madrid ni la del Barça, pero sobretodo pasmándose
por su incondicional apoyo y por lo profundo de su sentimiento. Y esto es solo
un rápido esbozo, la punta del iceberg, pero yo no quiero contarles ya más
cosas de nosotros. Prefiero no solucionarles esa duda tan fácilmente y que se
queden con la incertidumbre de quiénes somos. El factor sorpresa jugará a
nuestro favor, hará que se estén preguntando por quiénes somos toda la
temporada, desatendiendo así qué es lo que hacemos. Y cuando se quieran dar
cuenta de su negligencia, ya será demasiado tarde para alcanzarnos.
Rodrigo Ramis / @AMUNT_VLC_CF


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